
Todos sabemos que actualmente los contratos laborales no son como antaño. Durante mucho tiempo, el hecho de que te hicieran fijo en una empresa podía ser garantía de que terminaras jubilándote ene lla. Entrar en compañías como telefónica o Seat eraa casi como ganar una plaza de funcionario, ya que se las consideraba tan sólidas y estables que nadie temía por su puesto de trabajo.
Hoy en día un contrato indefinido sólo te grantiza que no vas a tener que preocpuparte por fechas de renovación.
En mi empresa nunca sabes cuál puede ser tu último día, mi jefe, de media, ha eliminado a un par de personas al mes durante este año, que son substituídas con la misma rapidez que él firma los despidos.
Mi trabajo es el de coordinaar dos departamentos básicos en la empresa y por lo general antes de que se produzca uno de estos despidos fulminantes, me advierten que a tal o cual persona no les asigne ninguna tarea. En este año y medio, el método siempre ha sido el mismo y son muchos los que han llegado a preocuparse cuando por algún otro motivo, no los he tenido en cuenta al iniciar la jornada. Durante algún tiempo, antes de comenzara mis funciones, los primeros minutos de cada mañana se hacían muy tensos.
El lunes despiden a un comercial y ya me han dado el aviso, que debe mantenerse en absoluto secreto para evitar problemas. Normalmente asumo esa parte de mi trabajo y soy consciente de que existen razones para que se haya llegado a esa decisión (no siempre las hay y no siempre son muy objetivas), pero en determinados casos, como éste, me cuesta cruzarme con la mirada de esa persona y aguantarla más de cinco segundos. Durante estos dos meses que ha estado trabajando, no es que le haya cogido un especial aprecio o que me lleve mejor con él que con los demás, pero sí que he sido testigo de sus esfuerzos por llegar a los objetivos. Mis habituales prisas me sirven como tapadera, pero en días como el de hoy esta hipocresía me satura.
Cuando llegue mi día imagino que nadie me lo dirá con antelación, las personas que lo sepan me sonreirán como cada mañana, encenderé mi pc como cada día y recibiré una llamada que me invite a subir a la sala de reuniones. Quizá, como he dicho antes, la mejor forma de aguantar esa presión, es pensar, que cualquier día, puede ser el último.